Cuatro confesiones y un espejo (de Emilio Perina)


*Disponible*

Precio: $150

Temática: Novela, Sociología, Política, Argentina

ISBN: 950-07-0504-4

Editorial: Sudamericana. Buenos Aires. 1988

Idioma: Español

Tapa: Blanda

Nro de páginas: 263

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Sinopsis: Cuatro confesiones y un espejo está integrado por trabajos que participan, a la vez, de la novela y del reportaje. Emilio Perina exhibe aquí todas sus aptitudes en una fascinante incursión a los laberintos de la conciencia. Lo hace con la prolijidad de un verdadero cronista, es decir, deslindando realidad y fantasía y poniendo todos los recursos de la ficción literaria al servicio de una descarnada -y necesaria- interpretación política.

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Sobre el autor:

Descendiente de gauchos judíos por vía paterna, Perina se inició como periodista en Noticias Gráficas y dirigió el diario El Nacional. Se sintió desde muy joven atraído por la política. Militó en el forjismo y en el sabatinismo antes de adherir al desarrollismo. Fue asesor del presidente Arturo Frondizi, hasta que sus disidencias con Rogelio Frigerio, contrario a una política privatista, se pusieron de manifiesto.

En los últimos años, lideró la Unión Ciudadana Independiente y, desde ese sector no partidario, apoyó las transformaciones encabezadas por el gobierno de Menem. "Por mucho que hayan evolucionado mis ideas políticas, nada me ha apartado jamás de la posición nacional", señaló.

Además de "La Mary", la más recordada de sus obras por haber sido llevada al cine con Susana Giménez y Carlos Monzón en los papeles protagónicos, Perina escribió "La máquina de impedir" (1981), cuyo título aludía al conjunto de engranajes burocráticos y entorpecedores que, en nombre de un supuesto interés social, dificultó desde 1945 el cumplimiento de un proyecto nacional.


En ese trabajo, abogó por un mercado libre que sea el punto de partida de una economía moderna, deseo que creyó ver cumplido con el gobierno menemista, como lo refleja en su último libro, "La Argentina acosada".

Su primer contacto con Menem se remonta a una entrevista que, en 1989, tuvo con el entonces candidato presidencial y con el economista Roberto Alemann, uno de sus más dilectos amigos personales.

En esa oportunidad, Perina trató de convencer al futuro presidente de que los capitales no son buenos ni malos por su origen, sino que lo importante es el destino que tienen. Poco después, Menem repitió esa frase cuando se desató una controversia en torno de la procedencia de los fondos de Gaith Pharaon para construir un hotel cinco estrellas en Buenos Aires.

Con el tiempo, Perina se convirtió en uno de los hombres de más estrecha confianza del presidente de la Nación, aunque negaba rotundamente que formara parte de su entorno. Aunque el escritor consideraba que Menem era "el mejor candidato si es por medios legales y cristalinos", no se encontraba dentro de los abanderados de la segunda reelección consecutiva del Presidente.

En sus últimos encuentros con Menem, especialmente después de la derrota electoral justicialista de octubre, Perina intentó persuadir al jefe del Estado de la necesidad de "gobernar para el bronce", lo cual implica "abdicar del amiguismo" y "lograr que el político dé lugar al estadista".

Imitar a Roca

En cuanto al proceso de sucesión de Menem, el editor de Todo es Historia sostenía que "sin renunciar a su carácter de conductor y de líder político", el primer mandatario debía imitar a Julio Argentino Roca, quien tras gobernar el país entre 1880 y 1886 esperó doce años para retornar a la presidencia, sin por ello perder un ápice de influencia política durante ese largo período. "Menem debe buscar un Pellegrini", fue una de las últimas frases de Perina a un redactor de La Nación , hace exactamente un mes. "El problema en el justicialismo es que Duhalde no acepta ser el número dos de Menem como Pellegrini con Roca", interpretó.

Fuente: La Nación

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